Desde su fundación hasta los albores del siglo XX, en el Instituto provincial de Segunda Enseñanza de Badajoz, solo se manejaron tres libros de texto en la asignatura de Historia Natural. El primero de ellos, y del que se conserva constancia documental, es el Manual de Historia Natural: obra escrita para uso de los alumnos de la segunda enseñanza en las Universidades, Institutos y Colegios por Manuel María José de Galdo.
Esta obra, frecuentemente considerada* por muchas fuentes como el primer manual de historia natural escrito en castellano, fue la más demandada en España durante la segunda mitad del siglo XIX y la opción predilecta de numerosos catedráticos de instituto en nuestro país para impartir sus clases.
* Añadido abril 2026. Conviene cotejar dos obras de autores españoles (gaditanos) publicadas en 1843: Nociones elementales de Historia Natural, de Juan Bautista Chape, y Elementos de Historia Natural, de José Gerber de Robles. Nos interesa especialmente este último, según referencia consultada fue doctor en medicina y catedrático en el Instituto de Segunda Enseñanza de Cáceres, y redactó su texto específicamente para sus alumnos, rompiendo así con la tradicional dependencia de traducciones y adaptaciones de textos franceses o latinos.
En el caso de Badajoz, el uso de este manual de Galdo está documentado desde el curso 1858-1859 —fecha de los registros más antiguos disponibles— y se mantuvo como texto único hasta 1882-1883. Este extenso recorrido docente de 25 años queda fielmente reflejado en las memorias del instituto consultadas **.
** curso 1858-1859
(primera memoria disponible) hasta curso 1866-1867, 1872-1873, 1873-1874, 1874-1875, 1875-1876, 1876-1877, 1877-1878, 1878-1879
y 1880-1881, 1881-1882, 1882-1883. En
verde, refrendo en memorias. En naranja, sin referencias a libros de texto en las memorias de esos cursos
En el instituto de Badajoz se podrían haber utilizado las 8 primeras ediciones. A partir de 1865 la referencia sería esa séptima edición, provista de grabados intercalados en el texto.
Portada de la séptima edición del Manual de Historia Natural de Galdo de 1865.
La primera edición ilustrada, con 342 grabados como se puede leer en el anuncio.
El responsable de impartir clases de Historia Natural, utilizando el manual de Galdo durante ese largo período de casi 25 años fue el profesor/catedrático Dº Valeriano Ordoñez de Adrián.
En la actualidad, acostumbrados a la "dictadura de las imágenes", nos resulta muy difícil concebir cómo se impartían esas clases, aún más, cómo esos alumnos eran capaces de retener y procesar toda esa información sin ni siquiera la figura del mineral, la planta o el animal estudiado en su libro de texto.
Evidentemente, la aparición de ilustraciones en los libros de texto supuso una gran ayuda al proceso educativo.Los autores de esos primeros manuales ilustrados asumieron rápido que la presencia de figuras y grabados ayudaba a la comprensión y al conocimiento.
Si tomamos cómo referencia esta séptima edición, la primera ilustrada, del manual de Galdo podemos deducir ese gran paso adelante:
La clasificación zoológica, por ejemplo de las aves, se abordaría más fácilmente
apoyándose en la modesta colección de animales naturalizados.
Se realizarían prácticas de botánica visitando el jardín que, a tal efecto,
se había construido en el curso 1860-61.
Se desvelaban los secretos de la paleontología ayudados por la colección
de 91 fósiles donados por Dº Nicolas Díaz Pérez en 1873
Se iniciaba a los alumnos en los principios básicos del sistema nervioso
en plena efervescencia del debate entre localizacionistas y holistas, alrededor de 1870-1880.
En esta séptima edición el libro se hace más voluminoso, pasa de 485 a 622 páginas, y el autor, en un esfuerzo de síntesis, remarca lo esencial de cada párrafo impreso en letra cursiva, a modo de resumen.
Analizando los avances fundamentales en las ciencias naturales que tuvieron lugar durante los cuarenta años que transcurrieron desde la primera edición y la última del manual, o sea entre 1849 y 1888, sorprende que en ese manual no quedaran recogidos en ninguna de las ediciones del mismo ni la teoría celular (1838-1839, 1855), ni la teoría de la evolución de las especies por medio de la selección natural (1859).
Como ejemplo, cuando se habla de la formación del globo:
... que como obra del Supremo Hacedor acatamos en ella su infinita sabiduría sin atrevernos a sentar proposición alguna, que demuestre el modo y forma de esta Creación.
En el último párrafo del manual se afirmaba de la primera a la séptima edición:
Sin embargo, Galdo un año antes de fallecer, expresó su convicción darwinista. En 1894 publica la novísima edición de Elementos de Historia Natural donde por primera vez cita a Darwin, y no incluye la concordancia entre la religión y la ciencia en sus contenidos, como había venido haciendo anteriormente.